Alonso Berruguete falleció en Toledo en 1561, pero pidió que fuese enterrado en Ventosa de la Cuesta, localidad de la que era Señor.
A Alonso Berruguete no le resultó fácil hacerse con ese Señorío. No nació siendo Señor de ningún sitio, y le costó hacerse con uno.
A día de hoy, Ventosa de la Cuesta defiende a Alonso Berruguete, con el mismo orgullo con el que Alonso Berruguete pidió ser enterrado allí.
¿Y qué pinto yo en todo esto? El Ayuntamiento de Ventosa de la Cuesta quería una recreación de un documento —el de la venta del Señorío de Ventosa de la Cuesta a Alonso Berruguete— del siglo XVI que, en realidad, nunca han tenido en sus manos. Ni hemos sido capaces de encontrar en los Archivos Estatales.
El origen del encargo
En Ventosa de la Cuesta tienen la certeza de que el pueblo fue señorío de Alonso Berruguete, el gran escultor y pintor del Renacimiento español, y que está enterrado en su iglesia. Lo que no tienen es el documento original: la escritura por la que, en 1559, la Corona le vendió la jurisdicción del lugar.
Existen fragmentos citados en distintas publicaciones y estudios históricos, pero no se encuentra ni el original ni ninguna copia de ella. Así que me pidieron que, una vez acordado el texto, hiciera una recreación de cómo pudo haber sido ese documento.

Pongamos en contexto: quién era quién
Antes de meterme en la parte caligráfica, conviene explicar quiénes son los protagonistas de este documento, porque no es un pergamino cualquiera.
Alonso Berruguete
Alonso Berruguete (Paredes de Nava, h. 1488 – Toledo, 1561) está considerado el escultor más importante del Renacimiento español, formado en parte en Italia bajo la influencia de Miguel Ángel. Trabajó para la Corona desde joven —fue pintor del rey y llegó a ejercer como escribano de la Real Chancillería de Valladolid— y a lo largo de su vida persiguió algo más que el reconocimiento artístico: quería ennoblecerse y hacerse con un señorío propio. Lo consiguió casi al final de su vida.

Felipe II
En 1559 las arcas de la Corona estaban en apuros y Felipe II se vio obligado a vender villas y lugares de realengo para hacer caja. Berruguete aprovechó el momento y compró Ventosa de la Cuesta, con su jurisdicción y sus alcabalas, por casi dos millones de maravedís. Desde entonces fue Señor de Ventosa, título que conservaría su familia hasta la desaparición de los señoríos en el siglo XIX.

Infanta doña Juana de Austria
¿Y por qué es la infanta doña Juana quien firma en nombre del rey? Porque en esos años Felipe II estaba fuera de España —primero en Inglaterra, casándose con María Tudor, y después en Flandes— y había dejado a su hermana Juana de Austria, princesa de Portugal por su matrimonio, como gobernadora del reino. Ella actuó como regente entre 1554 y 1559, y fue precisamente en Valladolid, en su presencia, donde se firmaron las capitulaciones de venta a Berruguete el 4 de abril de 1559.

Concretar el texto del documento
Lo primero fue decidir qué diría nuestra recreación. Quisimos que tuviera el lenguaje, la grafía y la ortografía propias de la época, así que en vez de «serenísima infanta» escribimos «sserenyssima ynfanta», por ejemplo. Le compartí al Ayuntamiento algo de lo que fui encontrando en el proceso.
Efectivamente, no apareció ningún documento original de la cesión, así que aproveché la búsqueda por los archivos de la Chancillería y de Simancas para reunir una selección de escrituras de esos mismos años, varias de ellas relacionadas con la propia infanta Juana, y se la mandé al Ayuntamiento para que eligieran el estilo de letra que querían para el trabajo final.
A lo mejor el señorío de Ventosa de la Cuesta tenía aspecto similar a la de esta expropiación, pero no sé si llegaremos a saberlo algún día.
El proceso
Al final se decidieron por un documento en concreto como modelo de letra, y a partir de ahí imité la grafía, la distribución, los márgenes y las capitulares.

Las capitulares de la primera línea son las más llamativas: sobresalen mucho sobre el resto del texto, casi diez veces más grandes, y las hice en un rojo intenso.

El formato final fue apaisado, tal y como solían presentarse este tipo de escrituras. Trabajé sobre papel: desde el Ayuntamiento dudaron si conservar el original o no, porque se salía de su presupuesto, y al final optaron por quedarse con un archivo digital en alta calidad a partir del cual poder hacer copias en A3 para repartir en actos relacionados con el pueblo.

El resultado del Señorío de Ventosa de la Cuesta
Las copias en A3 las metieron en una carpeta, con una cuerda y unos sellos de lacre, dándole un aire mucho más ceremonial a la entrega.

Fue un encargo distinto a todos los que suelo hacer: no reproducir un texto existente, sino imaginar y recrear uno que se perdió, apoyándome en el estilo real de la época para que el resultado fuera lo más fiel posible a lo que pudo haber sido.
